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Llevando para casa nuestros recuerdos


Vivimos en el paraíso y lo sabemos.  Pero pretendemos un imposible. En una imagen bidimensional es imposible meter lo que nos llevamos para casa. Viviendo en la zona centro de la región tenemos la posibilidad de llegar a rincones privilegiados en muy pocos kilómetros. Todo tiene inconvenientes y lo cierto es que los desniveles son considerables. Con una condición física aceptable y a la velocidad adecuada se puede llegar a cualquier lado( el problema suele ser volver).
En esta ocasión decidimos recorrer las carreteras que transitan por el Parque Nacional de Redes. Esas carreteras sinuosa, con desniveles importantes y casi siempre en un estado poco adecuado. Pero esos tres factores hacen que sean poco transitadas y un lujo para poder ir contemplando el paisaje a medida que ascendemos.
La collada de Arnicio nos ha ofrecido todo eso y mucho más.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana