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Iniciamos el fin de semana casi todos


Podemos poner nombre al pastor y podemos asegurar que para el no existe el finde.
Ya se retira a su redil después de una dura jornada de trabajo. Pero Lucio lo hace feliz. Lleva desde los 14 años dedicándose a eso del pastoreo. Muchos años saliendo a primera hora del día para retornar al atardecer. Después las labores de ordeño y alguna cosa más que le tiene entretenido hasta que se pone el sol.
Suerte la nuestra de poder acompañarle, disfrutar de su sabiduría y al final ser un pedacito de su vida.
Nos vamos a la cama con la intención de pasar un fin de semana de ensueño y estamos seguros de que así será. Pero dejamos a Lucio sabiendo exactamente que mañana, pasado y al día siguiente, seguirá haciendo lo que le gusta y le hace feliz. Y precisamente por eso cada día le admiramos más, a él y a los que son como él.


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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana