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Al atardecer


Nada como pedalear por TIERRA DE CAMPOS al atardecer. El sol poniéndose al frente y un silencio que solo interrumpe el trino de los pájaros. Recorriendo esas bonitas pistas que te llevan hacia Santiago, se puede encontrar la paz más misteriosa que te puedas imaginar. 
El que escribe ha podido disfrutar de esos momentos y con ellos se queda. 
Esto es una seria invitación  a todos los que leen esta bitácora. No hay mayor placer que acabar el día subido a nuestras queridas trotonas  recorriendo una dulce pista de cualquiera de las dos Castillas.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana