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Por el lejano sur occidente Asturiano


Esas carreteras de montaña que tanto nos gustan. Cuevas de 180 grados que nos hacen sudar con PASIÓN. Sucesión de eses hasta casi el infinito. A cada pedalada una sorpresa. Paisajes en los que la vista se pierde en un  horizonte totalmente deshabitado. Siempre deseando pararte para contemplar la belleza que nos abruma. 
Esta vez la recorremos en un  vehículo de cuatro ruedas y como casi siempre, en muy buena compañía. Como siempre también echando de menos a esos dos o tres con los que te gusta compartir lo mejor de la vida.
El puerto del Palo, la Marta, Bustantigo, Villallón y el precioso valle del Navia ya estan rondando nuestra cabeza y figuran en la lista de retos para estos meses venideros. 

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana