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Esas merecidas comidas...

Merecidas comidas después de una gran ruta. Nada mejor que llegar rendido después de cuatro o cinco duras horas de pedaleo. En las salidas por mi localidad es un placer llegar a mi hogar y comerme un buen plato de pasta con setas y un buen queso azul. Eso es lo que me ha sucedido este fin de semana. He podido hacer dos preciosas jornadas acumulando más de 9 horas de ruta y cerca de 4000 metros de desnivel acumulado. No he tenido tiempo para sacar fotos, Supongo que lo podréis entender, pero la grupetta que me acompañaba no me ha dado ni un respiro.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana