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En los lugares más insospechados.

En mi ultima visita a la cuenca del Nalón, en el pueblo de La Nueva contemplé  la imagen que te posteo. Posiblemente la bicicleta de un minero que haya servido de medio de transporte en los heroicos años 60/70 o 80. 
No sería fácil la vida de su propietario. Un valle profundo, con grandes desniveles y un clima nada sencillo. Humedad por el invierno y sol de castigo por el verano. Nos podemos imaginar como sería el trabajo en la mina. Escasa mecanización y muchas horas en condiciones poco higiénicas.
Por fortuna y por edad he vivido muy de cerca los últimos años de las minas en Asturias y por suerte se ha quedado grabado en mi retina el esfuerzo y la forma de entender la vida de los mineros. 


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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana