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La bici en Gijón

Asisto a la presentación del libro  "Del velocipedo al Carril bici (II) y me encuentro con entusiasta de la bicicleta y amigos de la historia. Vuelvo a impresionarme con la cantidad de bicicletas que rodaban por Gijón en los tiempos del blanco y negro:

  1. En aquellos años cuarenta donde la bicicleta se usaba para trabajar y Gijón era un inmenso velódromo.
  2. La década de los cincuenta en la que rodaban por nuestra ciudad más de 15.000 bicicletas y había cientos de competiciones entre los que destacan grandes criteriums en el Muro y en las Mestas.
  3. La década de los sesenta que concentra el mayor número de competiciones con la ayuda de los primeros sponsors comerciales. El gran elenco de ciclistas de élite, los hermanos Carril, Cima, Suarez Cueva, Fuente, Antonio Menéndez 
  4. La década de los setenta con el triste ocaso de la bicicleta pero donde nace la gran escuela de ciclismo de Las Mestas.
  5. Los años ochenta donde se inician las marchas populares.                                                                                                                                                                                                                          Un libro de lectura fácil en el que he podido comprobar el inmenso   bagaje que llevamos a nuestras espalda  y que solamente debe animarnos a segur ese camino, iniciado en la década de los cuarenta.
  6. P.D. Impresionante la documentación gráfica que descansa en los fondos municipales y en miles de hogares de herederos de auténticos aficionados a la bicicleta.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana