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Trabajando con la bicicleta 2

Era el afilador y el sólito reunía a la mitad le los habitantes del pueblo. Se pasaba la mañana afilando los cuchillo, tijeras y de paso arreglando paraguas y otros objetos. En aquella época su artilugio solamente tenía una rueda y era de madera maciza. Hoy en día se ha modernizado la profesión , aunque no es una modernización demasiado moderna. Solamente hay que ver las maletas en las que el afilador lleva su material. 
Lo cierto es que a este afilador venido de los mares del sur le encantan las bicicletas y por eso tiene unas cuantas y cada una con alguna peculiaridad. El las adapta a sus necesidades y también a sus caprichos.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana