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No podía ser de otra manera, los ciclistas también nos conmocionamos con esos horrores.

Como en muchas ocasiones, vuelvo al lugar donde empezó todo. Mis orígenes están en ese lugar. Hacia el norte la ciudad donde vivo. En otra ocasión hablaremos de eso. La foto esta tomada el sábado a primera hora. Había decidido hacer una salida de tres horas por los alrededores de Gijón. No era un día como los demás. Me inundaba todo lo sucedido en París la noche anterior. Las salidas en solitario son perfectas para dejar tu mente vagar y que vaya a los lugares que desee. Pues eso que la mente se fue por las sendas  del sufrimiento de las victimas, por los caminos de las muertes innecesarias y por los senderos de la estupidez humana. Un paseo precioso a pesar de todo.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana