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Durmiendo bajo las estrellas

Eso si que lo cambia todo. Llega la noche y te encuentras en un tremendo circo rodeado de estrellas. El zorro te vigila, la llamada  del cárabo suenan intermitentemente. Pero sobre todos los sonidos de la noche destaca uno. Los venados luchando por las hembras. Se oyen muy lejos pero lo dominan todo. Tienen algo mágico que enamora tanto a los lugareños como a los foráneos. Los bosque se llenan de senderista que con las primeras luces del día acuden a observarlos. Nosotros nos encontramos entre ellos. Ya solamente nos queda dejarnos llevar por las maravillas del parque de Redes.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana