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Viento frío en la cara

Me parecía que la primavera asomaba a mi ciudad pero estaba equivocado. El frió de aquel 14 de Marzo se sumaba a la lluvia que hacia su aparición. En la subida todo era diferente. Mi cuerpo en tensión y las duras rampas que ascendían hasta la colina me impedían sentir frió. Pero al llegar a Latitud: 43.5411111. Longitud: -5.6644444    la cosa  cambió. Por suerte la espectacular bajada con la niebla como protagonista absoluta me dejo un buen sabor de boca. Mis manos heladas y mis pies empapados me querían fastidiar el día. Pero una parada para inmortalizar el momento y contemplar el bosque con serenidad  hicieron que el que escribe llegase a su casa con la satisfacción en el cuerpo. 

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana