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Al principio de la travesía...


Empiezas una travesía de 500 kmts y ves que tendrás que atravesar todas esas montañas. Tu plato pequeño está inutilizado. Has planificado el viaje y sabes que tendrás que subir unas cuantas tachuelas. Para colmo de males tienes una espina clavada en un muslo y no te deja ni dormir.
Pero sabes que los espíritus están de tu parte. Los compañeros son tu punto fuerte. En ese momento sabes que cualquier imprevisto que surja te ayudarán a superarlo. Además tienes la fortuna de poder ir disparando tu cámara de fotos para inmortalizar los momentos.
Me encantan esos instantes en los que el equipo desaparece de tu campo de visión y disfrutas de la soledad del entorno.Sabes que en unos segundos volveras a la conversación interrumpida y que el confort y la seguridad del grupo serán tus aliados para el resto de la ruta.
P.D. La foto va dedicada a esos dos tipos que desaparecen en la curva del camino y que son algo más que compañeros de viaje.

Comentarios

  1. Tú no necesitas el plato pequeño porque eres un tío muy grande.

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  2. Siempre recordaré esa subida, maravillosa, que hicimos a Los Alayos. IMPRESIONANTE.

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Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

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