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Lugares donde vivir

Vas por tu ciudad y vas mirando en todos los rincones. De repente entre uno contenedores de reciclaje te encuentras unos calcetines al sol. Miras hacia abajo y ves las ruedas de una bicicleta. Sigues con la inspección y ves zapatos, una maleta y al fondo una tienda de campaña con parafernalia peculiar.
En aquel momento su morada estaba cerrada a cal y canto. Su morador encerrado a media tarde y vete tu a saber en que condiciones.Seguro que nos lo cruzaremos en otro momento y seguro que no cruzaremos miradas.
No sabremos mucho más de el. Seguramente en unos meses estará lejos o quizás encuentre su lugar entre nosotros. Pero el que escribe seguirá viendo algo tierno, entrañable, trágico, duro y amargo en este tipo de ocasiones

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana