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En la plaza de Santa María del Camino




En la plaza de Santa María del Camino nos sentamos en nuestro rincón favorito. La plaza como siempre, estaba llena de gente de paso, en su mayoría hablaban otras lenguas. Plaza silenciosa, plaza con armonía y las piedras como siempre llenas de cristales. Cristales y sufrimientos. Hielo, ampollas y rostros curtidos por el sol. Nos sentamos un largo rato y jugamos a adivinar quién serían los dueños de aquellos bonitos sillines. Seguro que son gente fina de culo.No alcanzamos nuestro objetivo pero no era lo más importante. El sol nos tonificaba la piel y lo que allí veíamos nos invitaba a nuevas historias, viajes imaginarios y aventuras que podremos llevar a buen termino o no, pero lo importante tampoco es eso. ¿No te parece?

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana