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Con el coulotte corto

Era el primer día de primavera de verdad. El sol a primera hora ya calentaba el aire. Teníamos todo el día por delante. Ellas querían rodar alegremente y sin temor a las cuestas. Al final saldrían casi ocho horas. Hubo de todo un poco. Charla, sudor y sobre todo tiempo. Tiempo para todo lo que necesitamos nosotros y ellas para ser felices. Ese punto de tranquilidad Zen que nos da nuestra vida y nuestro camino. Saber que la flecha te lleva en la dirección adecuada y a la velocidad correcta. Ellas son fuertes y de gama alta, nosotros procuramos estar a su nivel en todas las facetas de la vida. Y como dice la canción . No hay montañas lo suficientemente grandes....


P:D. Tampoco estuvo nada mál en final del día. Sentado en el sofá contemplando la carrera de Bale. Pero ya se sabe, cuando el día empieza con un rayo de sol y optimismo...

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana