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De nuevo en mi tándem sale a la calle

Como es esto de moverse en tándem. Hacía tiempo que estaba recluido en sus aposentos y por fin con el sol y el buen tiempo ha salido del garaje. He cambiado de fogonero y de eso va este post. Viajar en tándem es mucho más que juntarse dos personas a pedalear. Dos horas han sido suficientes para que capitán y fogonero se pudiesen entender sin apenas hablar. Los primeros momentos son de una gran inseguridad. ¡Como cuesta ponerlo a funcionar! Dos cuerpos des coordinados que no se ponen de acuerdo, un pedalear cuadrado en el que en vez de sumar se pierde la energía por todas partes, una falta de armonía al tomar las curvas y esos tirones bruscos en las piernas. No es necesario decir que se aprecia la falta de seguridad en el compañero que te lleva o en el compañero que te sigue. Pero eso entre hábiles y buenos compañeros enseguida se supera. Tras dos o tres ensayos de parada y arranque y buscando el  "truco" que más nos gusta, es pan comido. Nos atrevimos a bajar a la ciudad y recorrerlas sendas llenas de viandantes. Nos atrevimos con toda la civilización que genera el paseo de nuestra playa.Tras la primera hora llegó el momento de disfrutar. Pedalear redondo, trazadas aceptables y una suma de muchas cosas. Pasear en tándem te permite ir hablando con tu compañero, te permite disfrutar aunque el nivel físico sea muy diferente y sobre todo te permite profundizar en el conocimiento de tu compañero de una forma muy sutil.


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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana