Una luz diferente, el frió aire de la tarde, un día tan especial como cualquier otro y una vega que tiene un encanto especial. Pasear por zonas rurales lo hace todo un poco mágico. Recorres esas carreteras secundarias y te sorprendes. Aldeas que rodean mi ciudad y en las que la vida es diferente. Casas cerradas y muy poca gente en los pueblos. Escenas que podría haber visto hace treinta años y menús de 20€ para habitantes de ciudad que creen estar comiendo algo tradicional.¿Eran mejillones a la marinera? Todos vestidos de la misa manera: pantalones con cuadritos en las rodillas, forros polares de marca, mochilas super ligeras y botas con alta tecnología preparadas para resistir una tormenta tropical. ¡Hace falta todo esto! Lugares que había visitado en otros tiempos con el grande de Quilo Xico y momentos en los que lo importante era contar historias y escuchar anécdotas de personas inmensamente grandes. Todas esas vivencias que hacen que te sientas grande, tan grande como la gente que te rodea.
Como único objetivo, dejar testimonio de lo que suena a nuestro alrededor
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