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La hora de la siesta

Con la llegada del Tour de France, llegan las tardes de siestas. Esta primera semana es mi preferida para tomarme unas tardes de sofá y sueño. En la carrera no pasa nada y entre los comentarios de Perico y las bonitas imagenes de los helicópteros el duermevelas se apodera de mi cuerpo. Al final de la tarde no se si la llegada ha sido al sprit o ha ganado algún escapado. Pero en realidad importa muy poco,ya llegaran las etapas de montaña, esas jornadas de tres o cuatro horas frente al televisor viendo el esfuerzo épico de nuestras figuras.
Pero hasta que llegue ese momento disfrutemos de esa hora mágica de la tarde. Y después demos un tranquilo paseo por donde toque.


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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana