En cambio cuando viajo todo me parece un misterio, incluso antes de llegar. Me gusta por ejemplo ir en las dirigencias y observar a los desconocidos que viajan conmigo, me gusta inventar sus vidas, adivinar por qué se van o por qué llegan. Me pregunto si pasará algo que nos una por azar o sí nunca volveremos a cruzarnos, que es lo más probable. Y como seguramente no volveremos a cruzarnos, pienso que esa intimidad es única, que podríamos seguir callados o confesarnos cualquier cosa, yo qué sé, mirando por ejemplo a una señora pienso: ahora mismo podría decirle “la amo”, podría decirle” señora, sepa que usted me importa”, y habría una posibilidad entre mil de que en vez de mirarme como a un demente ella me contestara “gracias”, o me sonriera, pero también podría preguntarme ¿lo dice usted en serio? O de pronto podría confesarme “hace veinte años que nadie me lo decía” ¿entiendes? Quiero decir que me emociona sospechar que es la única vez que veré a los pasajeros de esa dirigencia. Y al...