VOLVEMOS, AHORA CON MÁS EXPERIENCIA PERO CON LAS MISMAS GANAS
Después de tanto tiempo, algo se ha despertado. Vuelve esa necesidad de escribir con calma, de alargar las frases para aclarar las ideas, de darles espacio para respirar. Y, sin darme cuenta, me veo retomando aquel bloq que nació en 2008 y que solo la pandemia consiguió detener.
Cuando miro atrás, descubro que aquí guardo una parte importante de mi historia: mis inquietudes, mis viajes, mis rutinas, mis descubrimientos. Escribir era una forma de entenderme y, al mismo tiempo, de divertirme. Ahora, al releerlo, me invade una mezcla de orgullo y añoranza.
Por eso regreso. Porque me apetece. Porque me suma. Y porque ciertas cosas, cuando vuelven a picar, es mejor no dejarlas pasar. Aquí empieza otra etapa, con la misma ilusión de siempre y con más ganas de contar que nunca.
Y, claro, entre medias han pasado muchas cosas. Más de una bicicleta, más amores, más formas de mirar el mundo. También una manera distinta de viajar. En este largo paréntesis nació el gravel, casi sin hacer ruido, y acabó quedándose para siempre. Su espíritu libre, esa mezcla de aventura y sencillez, esa forma de enfrentarse al camino sin prisa pero con intención… nos atrapó desde el primer kilómetro.
El gravel nos ha confirmado que cada desvío puede ser una historia y que cada sendero, incluso el más humilde, tiene algo que decir. Y todo eso —y mucho más— volverá a ser protagonista de esta bitácora. Porque la idea sigue siendo la de siempre: contar lo que nos encontramos mientras seguimos el sonido de nuestro propio tambor.
Sin grandes pretensiones, sin épica, sin artificio. Solo la vida tal cual la vamos pedaleando. Y quizá, en ese gesto sencillo, encontremos
la verdadera magia de volver a escribir.

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