Quedarse en la parte de atrás del pelotón es algo que siempre me ha gustado. Pararme, sacar la cámara de la mochila, disparar, recoger y volver a incorporarme al grupo. Retomar la conversación o apretar la marcha y llegar al grupo asfixiado, esas son las dos opciones. Pero cuando vas con este tipo de pelotones, sabes que al llegar a la cima te los encontrarás. Te sientes protegido y cuidado por el resto de compañeros. También sabes que pueden contar contigo, que compartirás avituallamientos, que intercambiaras track y nuevos caminos.