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Comiendo con un astronauta


Afortunado de poder compartir mesa y mantel con un astronauta y con el que lo pasea. Lo que siempre comentamos. Nos movemos y encontramos personas estupendas a nuestro alrededor. 
En estos bares de pueblo y comiendo platos humildes aprendes mucho de muchas cosas. Ese menú diario de bajo coste nos ha proporcionado momentos memorables. La humilde sopa, la berenjena rellena y el impresionante plato de callos con patatas ha dejado en nuestro paladar un esplendido sabor de boca.
Un menú que nos ha permitido hablar con mesura de lo divino y de lo humano. Conversaciones sobre nuestras aficiones favoritas regadas con un vino cosechero que en otro país sería un lujo

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana