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Esos amigos efimeros

Amigos por una semana, por un día o por unas horas. Esos amigos que vas dejando con el transcurso de los años.
El Camino de Santiago tiene esas cosas. Da igual de donde vengas, quien seas o en que medio te desplaces. Esos momentos de descanso en los albergues dan para muchas cosas. Días de lluvia, días de sol aplastante, días de viento, días tranquilos o simplemente días. Días que llevan sus noches, sus cenas, sus desayunos, sus duchas y sus momentos de silencio.
Cada una de las imágenes del collage es un gran recuerdo. Personas que con toda certeza no volvería a ver y personas con las que he compartido momentos muy entrañables. Momentos que me han hecho crecer y hacerme mejor persona. Me han enseñado a confiar en el ser humano, a mirar a los ojos a las personas y a dejarme sorprender por vidas maravillosas y por otras no tan bonitas. 

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana