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A lo John Steinberk



 A lo John Steinbeck y con un caniche parecido a Charly me lo encontré roncando casi al medio día. Viajaba en su bicicleta eléctrica de ruedas gordas, con un enorme carrito y con su fiel can.Lo que me resulto más sorprendente del ingles con su pierna de carbono ultima generación, fue su tranquilidad y la alegría con que se tomaba el viaje. Su forma de afrontar el sueño ya me daban pistas de su filosofía de vida. Pero resulta sorprendente la facilidad con que los viajeros aceptan y se implican en conversaciones con las personas que se encuentran en el camino.
Este chico me hizo recordar el maravilloso libro de viajes de:
P.D. Te dejo una reseña en el enlace para que sepas de que hablo.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana