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La bici de Acebedo.


La bici de Acebedo no era una bici de gama baja. Su dueña la lucia sin darse demasiada importancia. No era normal ver a un grupo e ciclistas equipados con ropa poco técnica y con una actitud desenfadada. Pero en ocasiones las apariencias nos llevan a confusión. El día anterior habían corrido un Raid de Montaña y su afición no había quedado en eso. Medias maratones, maratones de montaña, carreras populares en bici y carreras no tan populares. Su curriculum estaba lleno de rutas de btt de más de 100 km y carreras locales de mucho peso.
Pero los habitantes de los pueblo limítrofes al Manpodre son así. Se dan muy poca importancia y aman sus montañas.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana