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Tomando café

En mi café favorito me encuentro todos los días con esta escena. Una magnifica bicicleta llegada del frió, apoyada en el cristas que da acceso al local. Una distinguida y elegante bicicleta a la que su dueño tiene en gran estima. Día a día observo como la va llenado de complementos que sin duda facilitan la vida a su propietario.
En una ciudad en la que la bicicleta no esta implantada, estos ejemplares no pasan desapercibidos. Al que escribe le gusta ver a sus dueños y descubrir su estilo de vida, su forma de comportarse y su manera de pilotar bicicletas. 
Esperemos seguir, por muchos años, viéndola en el mismo lugar.  A su dueño no le gusta verla encadenada a una farola y por eso siempre descansa sin ataduras apoyada a la pared.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana