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La bicicleta de otro campeón.

Ver en acción a los paratriatletas es todo un ejercicio de humildad. Tienen todas las dificultades del mundo y las superan con una entereza y un buen humor envidiable. Les dan las peores horas, el circuito no suele estar adaptado a sus necesidades, su infraestructura requiere un esfuerzo económico importante y sus desplazamientos implican una logística complicada.
Después de superar todas estas trabas, llega lo bueno. En la competición, y gracias a todo lo que han vivido, son luchadores, son solidarios y son comprometidos.
Tendría que haber muchas carreras de este tipo y deberíamos pasar por allí para verlos y descubrir todos esos valores de los que os hablo.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana