Sabio consejo el que nos da un niño de ocho años, aunque según están las cosas el casco es una broma. Los coches pasan por encima de nosotros y ni se paran. Vivimos momentos difíciles pero seguro que esas muertes sin sentido nos acabarán dando visibilidad.
Lo que deseamos es que esos niños, sus padres y sus abuelos puedan disfrutar de sus bicicletas con seguridad y sin correr riesgos innecesarios. Se trata de vivir con intensidad la vida, no de todo lo contrario.

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