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Seis horas apoyado en el mismo manillar


Seis horas apoyado en el mismo manillar y sillín dan para mucho. Nos ha supuesto 140 km de pua vida. Rodar por carreteras secundarias nos ha regalado muchas cosas. Una autentica conversación mientras subíamos el puerto. Una escena increíble de caza de un águila ratonera( aquí llamada FERRE).  Mucha adrenalina en un descenso de diez kilómetros con varias curvas de herradura. Complicidad con los compañeros de grupetta. El típico café con uno de los mejores cubiletes de la comarca ( Café Avenida, Villaviciosa). Y como guida, esas series que me marcan mis compañeros y que me hacen rodar con gran intensidad y con las pulsaciones por las nubes.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana