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Esperando el pistoletazo de salida

Supongo que no pensaba en los copiosos avituallamientos.
Supongo que no pensaba en los kilómetros del recorrido.
Supongo que no pesaba en el abundante almuerzo que nos esperaba en la meta.
Supongo que no pensaba en el desnivel acumulado de la etapa.
Supongo que no pensaba en el tipo de terreno por el que pensaba rodar.
Supongo que no pensaba en las horas de coche que le esperaban para llegar a casa.
Supongo que no pensaba en lo bonitas que eran las bicicletas de sus compañeros de ruta.
Pero lo cierto y a pesar de la diferencia de edad con todos los que le rodeábamos.Lo que allí estábamos teníamos el mismo sentimiento de alegría y de satisfacción. Sabíamos que disfrutaríamos como niños en las siguientes horas. Sabíamos que con nuestro pedalear afloraría todo lo que de niños llevamos dentro.Por eso nos gusta tanto andar en bicicleta y hacerlo rodeados de gente. Un sentimiento común que el domingo pasado compartimos caso 350 personas.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana