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Esas tormentas de primavera.

Nos hemos pillado una buenas mojaduras este fin de semana. La primavera nos estimula a andar en bicicleta y el tiempo no deja de ser un pequeño inconveniente.Pero cuando lo haces en compañía es diferente. Tuve la suerte de encontrarme inmerso en una de esos tremendos momentos. Lluvia a mares, sonido de truenos y luz de rayos surcando el cielo. El tiempo justo para ponernos el chubasquero y mojarnos de igual manera. Ya calados hasta los huesos, nos refugiamos bajo un puente y curioso la cantidad de incautos que compartían situación. Pero amigos, una buena compañía y sobre todo una compañía positiva obra milagros.
Superada la tormenta solamente te queda el cuerpo calado hasta los huesos y ese momento tan especiales, ese instante en el que los olores y el ambiente son diferentes y únicos. Ese instante que tan bien conocemos los que salimos a andar en bicicleta en cualquier época del año.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana