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Esa bicicleta que ya ha desaparecido


Miras tu archivo fotográfico y descubres una imagen inesperada. Esa bicicleta que ha desaparecido que ya es historia. Y descubres que esa fotografía está hecha el mismo día que descubriste que ese carbono se había partido. Mi querida bicicleta hace tiempo que ha caído en el olvido. Recuerdas los compañeros de salida, recuerdas la famosas Praderias por las que circulaste, recuerdas el celebre bocadillo de queso de tu amigo e incluso te acuerdas de los pinchazos de tu amigo de finísimo oído. Ese amigo que solo con escuchar el sonido del cuadro me aseguro que estaba partido. Un sonido que le era familiar por haberlo escuchado una sola vez en un vídeo de Youtube. Por suerte ese buen amigo con tan buen oído sigue acompañándome habitualmente en esas salidas montañeras. 



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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana