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No es la primera vez.

No es la primera vez que me pasa. Con frecuencia me encuentro hablando con desconocidos. Hoy mismo me ha parado un viandante para preguntarme por mi preciosa plegable. Pocos segundos después estaba desenfundaba su móvil y me enseñaba una fotografía. Era una vieja BH comprad por internet y completamente restaurada. Hablamos de  bicis, de restauración, de cosas de la vida. 
Al marcharse pensaba en lo fácil que es hablar con personas cuando se habla el mismo idioma. Pensaba en por qué atrapa a tanta gente este sencillo cacharro con dos ruedas, por qué nos gusta tanto pedalear y por qué ocurre esto en los cinco continentes.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana