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Belen de cumbres Pelayo 2014

Las costumbres está bien respetarlas y por eso el día señalado la lluvia y el 
frió no podían faltar. Mis compañeros de club suben en bicicleta todos los diciembre a colocar el belén de cumbres a la sombra de un pino piñonero en el monte Deva. Allí vi , como dice la canción, los colores de las personas que componen "la peña". Colores alegres y desenfadados por dentro y por fuera. Personas con todos los colores del arco iris y con todos los matices que te puedas imaginar. Un puñado de valientes hicieron el recorrido en bicicleta y otro puñado subieron en medios mecánicos mucho más cómodos. 
No me quedo otra que sentir envidia de los sacrificados ciclistas, cuando se disponían a iniciar la bajada, pero uno se hace mayor y más cómodo y reservón. Aunque bien mirado tuve el placer de subir en compañía de un precioso niño y dos adultos con muy buenos principios.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana