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De cada una, una cosa

Mi querida Zen va con los ojos abiertos, muy abiertos. Aprendiendo de todos un poco. Se encontraba con tres pura sangres y quería estar a la altura. Una gran endurera y de alto nivel y un par de todo terrenos con el carbono metido hasta el tuétano. Pero cuando se trata de apretar los dientes mi querida Zen se coloca en el vagón de cola y escucha el sonido de su tambor.
Pero siempre sabe encontrar cualidades en sus compañeras de viaje. La potente endurera le ha enseñado a saber estar a pesar de tener mucho más nivel físico que sus compañeras. La de carbono con un solo brazo le ha mostrado la dureza y la constancia, así como el amor a la montaña. Y la rally más señorita a cada pedalada le ha dejado ver como los valores más importantes en el equipo, afloran a cada momento y son más importantes de lo que parecen.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana