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Siguiendo la flecha amarilla

200 kilómetros en tandem dan para mucho. Llegamos de una gran aventura en la que hemos visto, escuchado y aprendido muchas cosas. Cuando viajas en tandem vas pegado a tu compañero las 24 horas del día y como puedes suponer, pasa de todo. 
A nuestro tandem decidimos acoplarle un carrito para llevar todos nuestros enseres. Al final convertimos nuestra bici en un vehículo verdaderamente "longo". 
El viaje iba a ser muy sencillo doscientos kilometros por la costa cántabra siguiendo el Camino de Santiago del Norte.Pero viajar en tandem lo cambia todo, te sumerges en otra dimensión.Viajas de otra manera. Las decisiones son cosas de dos. Se rueda de otra manera, se pedalea de otra manera, se negocian las curvas de manera diferente y los baches se sienten de otra forma.
Acoplarse, pedalear al mismo ritmo, moverse como un equipo no se consigue en los primeros kilómetros. Aun recuerdo a la salida de Santander  nuestro torpe pedalear y la inseguridad de las pedaladas de arrancada. Las primeras rampas de subida nos hicieron sudar. pero con el tiempo y una caña todo se va arreglando.
Fundamental la confianza en tu compañero. Imprescindible un buen entendimiento y muy importante saber respetar lo que cada uno quiere, piensa o le apetece.
He tenido la suerte de encontrar en mi compañera de viaje todas esas cualidades que se necesita para realizar un maravilloso viaje en tandem. Han sido un placer todos los kilómetros compartidos sobre nuestro sillín. Hemos pasado por momentos de mucho esfuerzo, por situaciones divertidas, por alguna situación de riesgo y por momentos de autentico placer.

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Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana