Por suerte había dejado la cámara de fotos en mi trastero. Había llegado en el momento justo. El sol a punto de acostarse y yo delante de ese cuadro. Único espectador de un espectáculo incomparable. El sudor todavía en mi frente y el corazón un poco agitado por la fuerte pendiente que me llevaba a la cumbre.
Como único objetivo, dejar testimonio de lo que suena a nuestro alrededor

Comentarios
Publicar un comentario