Ir al contenido principal

Esos momentos mágicos

En esta semana de revisión y de vuelta a la calma hoy llegaba la hora de los momentos mágicos. Y este imán que tengo hace que mucha de esa magia llegue con el rodar de mis bicicletas.
En el paseo de la tarde con un buen amigo y de la mano de nuestras queridas Brompton, hemos hablado de esos momentos. Suerte tenemos de poder contarlos y suerte tenemos  de poder encontrarlos. Supongo que entenderéis que esos momentos no son para colgar en esta bitácora. Son esos momentos que se pueden compartir con una o dos personas solamente y que seguramente el resto del mundo no entendería
Detrás del cristal estaba esa destartalada bicicleta. En mi mesa un café con leche y el resto del mundo no existía. Seguramente sonaba otra canción de Roy Orbison pero no importa, la que yo escuchaba era esta y por cierto su sonido siguió en mi cabeza toda la tarde, aunque no recuerdo muy bien como acabo la cosa. Unas cervezas en buena compañía hacen que se dispare todo y que te des cuenta que la vida es maravillosa.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana