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Molinos de viento




Fue algo diferente. Otra sorpresa más del GR-22. En una zona bastante ventilada nos encontramos esos enormes aerogeneradores. Nos rodeaban por todas partes. Eran enormes. No me gustaban. Estaban en lo alto de las montañas. Las mejores vistas eran para ellos. En ocasiones parados y otras veces con un zumbido suave pero constante. Tenían su punto exótico. Nos comimos todas las pistas que los comunicaban. Eran pistas de piedra suelta, de tamaño muy regular. Nos exigía andar con cuidado y buscando la zona de rodadura. No eran demasiado duras a pesar de lo que pueda parecer. Su desnivel no era demasiado grande. Como mejor recuerdo me queda aquella imagen de unas enormes aspas girando entre el mar de nubes, que contemplamos Javi y yo, mientras hablábamos de lo divino y de lo humano con nuestras bicis del ramal.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana