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en la fuente de la tortuga





Sentado escuchando el sonido del agua repetitivo y tranquilizador y sintiendo el aire de finales de agosto en mi piel, me daba cuenta que algo estaba cambiando en el ambiente. El sol ya no golpea con tanta fuerza y la luz ya no es tan intensa, pero que importa si el tiempo es algo efímero y yo tengo por delante dos horas de relax en las que podré comer moras, hacer fotografías, disfrutar de algo mejor que un buen café y todo muy dulcemente.

Comentarios

  1. Me encantan las fotos blue.Que contraste mas chulo la del saltamontes.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana